sábado, 21 de enero de 2012

306. NON OLET. RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO.



A ver ¿cómo a un tipo como yo, gente culta, leída y paciente, se le podían caer de las manos cualesquiera obra de artículos o ensayos de uno de los mejores escritores de lengua castellana vivos? ¿y cómo he podido pasar todos estos años ocultando a los amigos que mal que bien llegaba hasta el final de sus artículos en la prensa pero que en cuanto a libros del señor Sánchez Ferlosio no había conseguido acabar ni uno? Eso sí, yo los tenía casi todos, no fuera a pasearse algún inspector entre mis estantes y se encontrara juntos a Sánchez Dragó con Sánchez Ostiz y me llamase al orden. Y destacando entre ellos, los dos magros volúmenes editados por Destino en 1992 con todo aquel material de las guerras, los ejércitos y las Yndias equivocadas y malditas, que ya hay que tener tiempo para leerlos y no digamos para escribirlos. 



Cara de pocos amigos ha tenido siempre el señor Ferlosio en las fotos de las revistas, por lo que nunca me ha dado por importunarle, como tampoco curioseé en la prensa cuando hace un par de años le dieron el premio nacional de las letras y se hizo muchas fotos con los reyes y la corte.



Pero en fin, algún día tendría que superarme a mí mismo, y para saldar el primer plazo de la deuda y evitar una vez más mi fracaso, saludé a los dos gruesos volúmenes de los Ensayos mencionados y me senté a leer uno más pequeño de poco más de trescientas páginas que según tenía anotado en su primera página lo compré en mayo del 2003 durante la visita que me hizo Alberto Adsuara, un amigo muy aficionado al jazz. 

Al parecer, trata NON OLET, que así se llama esta obrita copyraigtada y editada en el mismo año que la compré, de la locura de la sociedad de la producción (antes llamada de consumo), o de la enajenación total del hombre que contrata su trabajo y se toma por capital humano, o de la maravilla del dinero que no huele (lo que da título al libro) y que todo lo purifica, o finalmente del asunto ese ya casi olvidado de la globalización, pero que estuvo muy de moda en aquellos años, y etcétera, etcétera, etcétera. Asuntos todos ellos que se me antojan muy cercanos a las lecturas de filosofía sobre la locura de la técnica que yo tenía hace años con Enmanuelle Severino y que por tanto no me podían asustar mucho y que además vienen muy al cuento, no sea que fuera a creer yo también en el famoso liberalismo y a hacerme uno de tantos creyentes como parece que hay ahora de esa religión. 

Pero no llevaba yo más de treinta páginas leídas y ya habría sesteado más de tres veces cuando me di cuenta que la escritura del señor Ferlosio no es ni filosofía ni ensayo sino una suerte de música de saxo tenor que frasea piribirí parabará, parabará piribirí, por toda la escala arriba y abajo, una y otra vez, ocho, dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro compases, y así sucesivamente, sin mayor esfuerzo por su parte en encontrar motivos, citas, temas nombres, datos y lo que haga falta, como de gran músico de bee-bop. Me entró la risa cuando lo pensé, y me reí mucho más según iba encontrando en el texto tonterías varias muy propias de un músico que está de vuelta, y fueron pasando las páginas como los minutos de una jazz session y cada vez me sentía más a gusto en mi sillón con el libro entre las manos.

¿Que qué pieza ha tocado en este libro? me preguntaréis. Ah ni idea, o bueno, eso que os he dicho más arriba, algo del liberalismo como locura, y que ya vale de producir y trabajar. Pero... ¿y tantas páginas tan bien escritas? ¿lo de ese hombre no es también trabajo y producción a mansalva? Bueno, pues sí, así lo creo yo, sobre todo porque tienen copyraigt de ese, y porque en la página 4 dicen al unísimo el escritor y el editor que "No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico o por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo de los titulares del copyright" con lo que se refuta todo, absolutamente todo el contenido de lo que dice el buen señor en las trescientas y pico páginas del libro, por lo que al final, como digo, para no volverme loco prefiero pensar que no he estado leyendo el producto de un tipo que detesta la producción, sino oyendo el CD de un virtuoso y deciros que muy bueno el saxofonista este.