lunes, 9 de enero de 2012

294. JOSE MARIA SANJUAN GIL




Tras haber dedicado muchas horas a leer sobre la Primera Guerra Mundial y reparar así el gran vacío educativo que los españoles de mi generación tuvimos en esa transcendental materia, a finales de los noventa y con el pretexto de un trabajo de bachillerato de mi hija Elena, empecé a cubrir en lo posible las grandes lagunas que también tenía sobre nuestra guerra. Algún día tendré que traer al blog algunas de las fotos, recuerdos e impresiones que obtuvimos de la visita a los escenarios de la Batalla del Ebro. En plena campaña de documentación, recordé que vivía aún en Haro José María Sanjuan Gil, un amigo de mi padre que luchó dentro de un tercio de requetés, así que fuimos a que nos contara sus historias. Aparte de las muchas notas que anotaría en alguno de mis cuadernos, en aquella visita me dio un libro que había escrito unos diez años antes, en el que recopiló una información valiosa, sincera y muy emotiva. 

Ayer, 8 de enero del 2012 murió con cerca de cien años en un asilo de Haro y hoy le enterrarán, seguramente en esa pequeña ciudad. Como estoy seguro de que no recibirá los honores militares, políticos y sociales que se merece, he echado mano de su libro para releer algunas de sus páginas, y hacerle aquí un pequeño homenaje. 

Fijaros tan solo en la dedicatoria, que él titula OFRENDA, y leed con atención y cuidado:

"A vosotros, hermanos requetés riojanos, que luchasteis y entregasteis vuestras vidas en la Guerra de España de 1936-39. Para que vuestro esfuerzo y vuestro sacrificio por Dios y por España no queden olvidados; para que, si alguien lo desea, pueda enterarse de que en nuestra amada tierra de la Rioja, vosotros, requetés de vieja y leal estirpe, junto a otros muchos que lucharon en aquella guerra, dejasteis el calor del hogar y el seguro camino por el riesgo, el esfuerzo, el dolor y la muerte; que ofrecisteis, alegres, vuestras jóvenes vidas no por odio al hermano, como engañosamente se ha dicho, sino por defender con gallardía generosa, en campo abierto, sobre la faz de España, lo que estimabais como más valioso que vuestras propias vidas. 

Y que estas modestas páginas sean como una nueva ofrenda de vuestro heroísmo al Señor de la Vida y de la Historia para que Él, "ante quien no hay héroe anónimo", haga brotar el fruto de vuestro sacrificio y haga brillar sobre esta vieja tierra el iluminado afán de vuestra ilusión eternamente florecida".

Lo mismo no entendéis mucho, pero yo leo esto y me emociono porque me parece estar ante un hombre, no del siglo XX, sino del siglo XIX. O de mucho antes. Y yo a ese hombre le conocí y hasta tengo unas cuantas fotos suyas, y entre ellas, una muy especial que me tomaron con él cuando apenas tendría yo dos o tres años:



En los artículos de Manuel Chaves Nogales que comentaba el otro día, no me pareció oportuno pararme a señalar  la admiración que el periodista republicano mostraba en no pocas ocasiones hacia el valor en la lucha de los requetés, pero hoy que he recibido la noticia de la muerte de este viejo soldado creo que es de justicia usar la autoridad de sus opiniones nada sospechosas de partidismo.   

Ciertamente, José María Sanjuan era un hombre bueno, alegre y valiente, y en la separación entre los héroes y los criminales de esa guerra a la que hacía alusión el otro día, no tengo ninguna duda de cual es el lugar que ocupará para siempre en mi memoria. Y espero que también en la vuestra: porque para los que creemos en el valor y el sentido de las palabras, "tampoco hay héroes anónimos". 


(Y para que esto no se parezca a una necrológica os voy a contar una anécdota personal para que os hagáis una idea de hasta donde podía llegar su bondad: en el año 1983 les llevé a mi padre y a Jose Mari a la ermita de Lomos de Orios, donde Luis Vicente Elías ejercía de santero. Como ha sido siempre natural en él, Luisvi nos agasajó con toda su hospitalidad y con todo tipo de historias, y cuando ya nos íbamos, Jose Mari se volvió a mi padre y le dijo: "hay que ver, Carmelo, qué gente tan buena que hay por el mundo; ¡mira que subirse en estos tiempos a vivir aquí para cuidar a la Virgen!". De aquel día guardo una foto en la Fuente Begayos, que está junto a la ermita de la Virgen de Lomos de Orios. José Mari Sanjuan es el que está a la izquierda de pie:).