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miércoles, 16 de noviembre de 2011

255. DROPBOX Y AMABOOKS

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De tanto en tanto la informática o internet me plantean nuevos retos o aventuras, y normalmente, no me dejo vencer por la pereza. Lo malo (o lo divertido) es que en el mismo día te surjan dos de estas aventurillas de teclado y pantalla, en principio igual de desconocidas, y luego sean tan radicalmente distintas: una sencilla, útil y fácil de superar, y la otra, un galimatías digno de la mayor horrorrisa.

Voy con la primera. Trato de compartir un LP con una amiga y me dice si uso DROPBOX. Me da el enlace de esta "nube" y en menos que canta un gallo me abro una cuenta, subo el LP, se lo baja, y encima yo lo tengo a mi disposición donde quiera que esté (hoy lo he estado escuchando desde otro ordenador en el trabajo). Lo único que no entendí es que me dijera que si me gustaba DROPBOX me mandaba una invitación, porque sin invitación ni nada me abrí la cuenta. Ahhhh, perdimos así la oportunidad de tener 250 Mb más de almacenamiento cada uno, porque si alguien te invita, tanto el invitador como el invitado ganan ese espacio adicional además de los 2Gb gratuitos que ya te da la casa por inscribirte. Es decir, que si seguís mi consejo, queréis compartir bites conmigo y daros de alta en Dropbox ya me lo estáis diciendo antes de probar para enviaros mi invitación desde spypblog@gmail.com

Y ahora vamos con la horrorrisa, ja ja ja ja ja ja. Tras quejarme a Abreu de que no encontraba desde dónde bajarme su libro para el tablet, me envía el link de amabook.es y me pongo a leer las instrucciones para descargar UNA EDUCACION SEXUAL a mi iPad. Ja ja ja ja ja ja ja. Abridlo, abridlo (lo mismo para ese libro o para cualquiera) que quiero oir vuestras carcajadas. Seguro que lo ha escrito el enemigo más declarado de los ebooks.



Y ahora mi plan: cuando alguien tenga el libro, que lo suba a DROPBOX y me haga partícipe del mismo. Prometo mandarle a Juan Abreu los 6 euros que le pagaría a amabooks si consiguiera descifrar sus instrucciones (ja ja ja ja ja ja), y que seguro que es mucho más de lo que esa "accesible librería informática" le va a dar por mi descarga.

O si hay suerte y me da por caerme por alguna librería de papel, pues me lo compro sin pensarlo dos veces por los 12 euros que dicen que vale(que ya os tengo dicho que los buenos libros no se pagan con dinero), porque creo que aún me queda algún huequecillo en la biblioteca. Y si no, se lo hago. Faltaría más.
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miércoles, 13 de abril de 2011

204. PRIMERAS SENSACIONES

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No es lo mismo leer un libro normal que un ebook. Aunque las palabras sean las mismas, las sensaciones son distintas. Vamos a dejar de momento lo de mejor o peor y vamos a quedarnos con "diferente".

Como no es fácil describir sensaciones prefiero caer en lo obvio antes que en metáforas complicadas: cuando lees un ebook lees un libro sin tener el libro. Pasas página y las letras por las que acabas de pasar la mirada, se esfuman, desaparecen. Ya te han dicho lo que te tenían que decir, y si lo coges bien, y si no, pues ya han pasado.

A la hora de comprar un ebook yo quería el de 6 pulgadas por aquello de que el tamaño se pareciera más al de un libro de bolsillo, pero como los 6 pulgadas de SONY habían desaparecido del mercado, me he tenido que conformar con el de 5 pulgadas que tiene un formato más cercano a la pequeña agenda de bolsillo. Eso significa que el efecto al que antes aludía, se acrecienta: no solo dejas de tener en la mano la página que ya has leído sino que ni siquiera tienes ante la vista la vieja página de un libro convencional. No tienes delante más que 15 o 20 líneas, es decir, unos pocos párrafos.

Se deduce de todo ello que las frases cobran más valor que las páginas, y los párrafos más presencia que el libro en su conjunto. Es decir, que la palabra recupera su esencia pasajera y efímera, su valor como palabra hablada y escuchada, su carácter de fragilidad para con nuestra memoria.

La fijación en el papel tiene que ver con la sensación de posesión de la palabra. Las palabras del libro electrónico, por tanto, vuelven a ser como mariposas que revolotean, que contemplamos brevemente, y a las que dejamos seguir volando. Nada de capturarlas y pincharlas en un papel. O todo lo más (dada la función que tiene el SONY) un subrayado que se va con el paso de página y que queda almacenado como un nuevo libro: el que se va haciendo con los propios subrayados. Es decir, otro libro de mariposas, porque cuando apagamos el ebook, también desaparecen de nuestra vista.

Directamente relacionado con esa virtualidad de la propias palabras está el problema de la orientación del lector. Mientras que con el libro de papel en la mano, la información del libro que lees o del punto donde estás es obvia, con el libro electrónico eso no pasa y al principio no dejas de mirar a ver en qué página estás, en qué capítulo, o incluso, qué libro estás leyendo. En el libro electrónico todas las páginas son iguales, todos los libros similares. Solo es el contenido el que cambia, solo los significados, solo su espíritu.

Si en los libros buscamos alimento espiritual, es indiscutible que los libros electrónicos están mucho más cerca del éter que de la cosa. O dicho de otro modo, que los libros electrónicos convierten a los libros tradicionales en cosas, reservándose para sí el prurito del libro como espíritu puro, de palabra en el aire.

No se trata de elegir. Se trata de experimentar. Y de decir, de contar. De contar con palabras como éstas que están en la pantalla de un ordenador pero que pronto voy a empezar a poner en formato de libro electrónico, de libro no cosa. Porque lo mejor de los nuevos libros electrónicos no es que nos van a poder permitir leer los libros escritos para el papel, sino palabras escritas para que desaparezcan en cuanto se lean. Como estas mismas que ahora tienes ante la vista y que se esfumarán en cuanto des un nuevo click al ratón.

Y puestos a ser coherentes responded honestamente a estas preguntas: ¿queda alguien que todavía escriba directamente sobre papel? ¿Por qué leer en papel lo que se escribe en una pantalla?
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