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martes, 1 de marzo de 2016

821. PAULA BONET - 2016 - CONFERENCIA EN LA ESDIR



Si alguien me hubiera dicho hace unos años que un ilustrador podría llegar a convertirse en un fenómeno de masas, hubiera pensado que estaba chalado. Bien sé que el don de dibujar tiene un gancho especial, como también lo tiene el de hacer virguerías con un saxofón o con unos patines en los pies; pero ese tipo de habilidades suelen despertar admiración en círculos reducidos y cercanos al artista, que poco o nada tienen que ver con la entrega a que por ejemplo mueve una estrella del rock. Lo cierto es que vivimos en tiempos raros en que los medios de comunicación y las redes sociales juegan con el destino de los humanos como nunca antes había pasado.


Es el caso que unas semanas antes de que viniera la ilustradora Paula Bonet a dar una charla en la Escuela de Diseño de La Rioja, mis alumnos de primer curso de Diseño de Interiores, que apenas conocen a un sólo diseñador y a los que tengo que llevar de la oreja al Salón de Actos cuando llegan las conferencias de las Jornadas de Diseño o viene alguien importante a la Escuela, esos pipiolos de alumnos, digo, ya me estaban preguntando si les iba a dejar ir a la conferencia de Paula Bonet en caso de que coincidiera con mi horario de clases. ¿Paula Bonet? les dije, ¿quién es Paula Bonet?


Después de haberme informado un poco (¡ah!, bien, una dibujante, eso no les hará mucho mal) llegó el viernes 26 de febrero y cerré la clase para ir yo también a ver a Paula Bonet, y al entrar en la atestada sala, me crucé con la Jefe del Departamento de Diseño Gráfico que me dijo si quería que me presentara a la ponente. Como en esos minutos confusos previos a una conferencia no tiene mucho sentido una presentación y yo nunca he tenido afición a saludar por saludar a gente importante, rehusé amablemente la invitación y me fui a sentar a un sillón esquinado de la primera fila, que era de lo poco que quedaba libre.


La conferencia, como suele suceder en estos casos, fue un despropósito (pero no seré yo quien exija a un dibujante que sepa dar conferencias). Paula empezó presentando su último trabajo, un libro sobre Truffaut, hablando de su amor, o mejor dicho, del amor universal a Truffaut, sin darse cuenta de que el noventa por ciento de los alumnos que estaban en la sala no sabían quién era Françoise Truffaut, ni habían visto una sola película suya (y ese dato no me lo puede rebatir nadie porque soy profesor de Cultura del Diseño y cuando les pongo Farenheit 451 pregunto si saben quién fue Truffaut).



Sin venir a cuento dejó empantanada la historia de la creación del libro de Truffaut para ir saltando a otras cosas, por lo que consciente de su desorden expositivo (que tonta no es) pidió a la sala que le interrumpiera cuando quisiera con preguntas o comentarios... Estuve a punto de ser el primero en interrumpir y hacer un comentario hiriente para decirle que cuando te invitan a dar una conferencia (o una clase) hay que dar una conferencia y no dar la voz a los alumnos, quienes por lo general no hacen mas que preguntas tontas descalabrando así cualquier intento de discurso ordenado.


Pero no lo hice, claro está, porque por muy borde que sea yo, todavía tengo a la cortesía por un valor muy superior de convivencia, y porque era mucho mejor ver en pantalla grande el espectáculo de sus dibujos y que se perdiera sola con las historias de sus libros, su vida, sus entrevistas o sus amores, y sobre todo, con los hilos de su éxito y su fama internetera.


Cuando acabó con todo ello vinieron las preguntas (¡trágame tierra!), y desde la primera a la última, ya lo sabía yo, cada cual más tonta. Pero hete aquí que cada pregunta tonta (¿cómo eliges la portada de tus libros? ¿por qué la insistencia en el color rojo?¿porqué dibujas sobre todo retrato? etc), Paula la volvía interesante respondiendo siempre con algo inteligente y entusiasta, y sin apenas darme cuenta empecé a babear en mi asiento como si estuviera a seis metros de mi más adorada estrella del cine.


A veces empezaba su respuesta con alguna frase tan tonta como la pregunta: ¿que por qué dibujo caras? anda ¿y a tí por qué te gusta el vino...? Pero rápidamente entraba en materia: yo siempre quería haber pintado caras. Fui a Bellas Artes a aprender a dibujar caras porque en las caras está todo, porque las caras me dicen mucho; pero como me salían tan mal, en los dibujos al natural le pedía al profesor a ver si podía cortar la cabeza a las figuras. Y como tenía ese deseo (el deseo de pintar el alma, pensé yo por lo bajinis, porque ella quería decirlo pero no le salía, o no quería decirlo porque pudiera parecerle cursi...) como tenía ese deseo, -decía Paula-, insistí e insistí con lo de los rostros y ahí sigo.


Entre eso y sus repetidas declaraciones de entusiasmo por un trabajo tan placentero como dibujar  -"¿pero no os pasa que cada vez que hacéis una raya y le encontráis un sentido experimentáis un placer enorme...?¿pero no os dais cuenta de lo afortunados que somos pudiendo obtener placer en el trabajo?"- yo ya estaba completamente entregado; tan entregado que saqué el facebook, le di a "me gusta" y me convertí en el fan 348.865 de esta tipa.


Me hubiera gustado entonces saludarla o darle mi mano como muestra de agradecimiento por sus dibujos y palabras, pero en cuanto acabó la conferencia se formó una larga fila de alumnos esperando que les firmase un autógrafo o una dedicatoria y renuncié al saludo personal, opté por darle discretamente las gracias a Mónica Yoldi, la Jefe del Departamento de Diseño Gráfico por haberla traído a la Escuela, y me fui a clase a pagar mi óbolo, es decir, a corresponder a Paula con algo que estuviera a la altura de sus méritos.

Nada mejor, pensé en seguida, que enviarle la frase de Truffaut que dio origen en este blog a la sección "diosas spypnic" (v spyp 220) para poder ponerle a ella en uno de sus altares, imaginando que la conferencia de la Escuela no fue otra cosa que una película de esas que empiezan mal pero que al final se hace con las tres estrellas, máximo galardón que aquí damos. Película dirigida por Mónica Yoldi, y en la que José Angel Martín no sé muy bien que papel tiene, pero también salió en la foto:


(Javier Dulín, que estuvo a mi lado haciendo risas y compartiendo entusiasmo por la peli, ha estado un poco más lento, pero ya me he enterado (así de cotilla es facebook) de que es el fan número 348.871 de Paula)

820. PRESENTAR UNA PELICULA



No es lo mismo hacer algunos comentarios a una película (que es lo que he hecho yo más de doscientas veces en este blog y que ahora sigo haciendo en el hijo de este, el spycin) que hacer una crítica, asunto mucho más serio que exige cobrar por ello. Y no es lo mismo comentar o criticar una película que hacer una presentación de la misma ante un público que ha acudido a un cine club o que se ha sentado ante la pantalla de la televisión a verla.

No sé quién me enseñó que los griegos veían teatro (el cine de su tiempo) perfectamente informados del tema, del planteamiento, del argumento y del desenlace de la historia expuesta en la obra, y que de ese modo no eran esclavos de la secuencia y del suspense, es decir, del tiempo. Eran espectadores del destino y de los detalles con que se presenta. No sé quién me lo enseñó, decía, ni sé si es cierto, pero lo aprendí muy bien y nunca se me ha olvidado porque es así como me gusta a mí ver el cine, y por extensión, la vida. Tanto es así que no solo no me importa ver un partido de fútbol o una carrera de motos sabiendo de antemano el resultado, sino que incluso lo prefiero. El problema es que a mi alrededor veo que la mayoría de la gente no comparte mis gustos y que prefieren disfrutar del gusanillo de la incertidumbre. Con un público mayoritariamente así, presentar una película es contar las cosas a medias o decir medias verdades, que es algo que tampoco me ha gustado mucho. Dar unos pocos datos, acaso los del tema o del planteamiento de la película y callarte los más importantes. Abrir un tema, y abandonarlo enseguida.

De niño todo el mundo adoraba a Alfonso Sánchez, presentador oficial de películas en televisión (arriba en la foto), pero creo yo que era por esa pintilla de funcionario que tenía, por su gesto serio, el humor soterrado y esa voz gangosa tan opuesta a lo que se podía entender por el aterciopelado sonido gutural de un locutor de radio o televisión. Con esos ingredientes, Alfonso Sánchez era un auténtico showman y es por ello, seguramente, que gustaba tanto.

El martes 23 de febrero me invitaron a presentar una película en el cine-club de mi ciudad, y a mí el micrófono siempre me ha dado mucho miedo. Mi facilidad de palabra es nula y siempre me pongo nervioso cuando hablo para más de tres personas a la vez. Hasta en mis clases y con alumnos adolescentes me suelo quedar cortado a veces. Pero no sé qué pasó, si fue la cerveza que ve bebí antes de subir al escenario o si fue que estaba escrito que así fuera, o que fui otro del que soy, el caso es que José Angel Martín me dijo al salir del cine que no sabía de mis cualidades de showman (!). Quién sabe. Lo mismo me sentí inspirado por Alfonso Sánchez.


(la foto tiene también su aquel porque no tengo ni idea de quién la hizo, pero me llegó esa misma noche del 23 de febrero del 2016 en un whatsapp desde Suiza (!))

819. ESE LATÍN DEL NORTE


 Aunque como decía en el post anterior, el blog de Antonio Casado da Rocha me causara alguna que otra decepción y no pocas dudas, entre tanta cita y poema prestado es lógico que encontrara alguna buena perla o cuando menos, un hilo que seguir, un recuerdo.

El 29 de Enero del 2014 el profesor de Etica de San Sebastián copiaba y pegaba en su blog un curioso párrafo sobre el islandés y sus silencios sacado de una novela del escritor Hallgrímur Helgason, que no está mal leer, y que inevitablemente me llevó a un poema de Borges dedicado a Islandia y su lengua:

(...)
Cuando el cuerpo se cansa de su hombre,
Cuando el fuego declina y ya es ceniza,
Bien está el resignado aprendizaje
De una empresa infinita; yo he elegido
El de tu lengua, ese latín del Norte
Que abarcó las estepas y los mares
De un hemisferio y resonó en Bizancio
Y en las márgenes vírgenes de América.
(...)

Ya había puesto yo la foto de Helgason en el encabezamiento de este post cuando encontré en el blog de Casado otro párrafo del mismo autor y de la misma novela sobre cómo explicar la crisis islandesa a los niños, y como vi rápidamente de qué pie cojeaba (eso de que el fascismo es el padre del capitalismo debe de ser de una saga islandesa compuesta por aspirantes a Varufakis o Monederos) pensé que mejor evitar su hosco careto, y poner una foto más divertida de Borges con un pirao islandés que encontré en un post de otro blog mucho más ameno (Omar González/Las mil notas y una nota) sobre el papel que jugó Islandia en su vida amorosa con Maria Kodama.

Como recordaba haber leído alguna cosa curiosa de Borges sobre el islandés, he rebuscado entre mis libros y he vuelto a dar con su trabajo sobre LAS KENNIGAR. Estaba colocado dentro de la HISTORIA DE LA ETERNIDAD, y luce muy bien ahí porque como decía el recopilador del siglo XIII Snorri Sturluson,  "... se dirigen a quienes buscan la virtud de entender lo que se escribió con misterio".

O sea, a mí mismo, empeñado como estoy en desentrañar los misterios de la poesía en el podemismo o las conexiones entre la lírica y la avidez de poder.

818. VOLAR - 2016 - HENRY D. THOREAU



Suelo encontrarme con Poti (José Ignacio Foronda) por la calle e intercambiar unas cuantas frases sobre nuestros últimos descubrimientos musicales o sobre cómo nos va la vida; y si la hora es propicia, alargamos un poco el encuentro tomando un café. Poti es de las pocas personas de esta ciudad que es verdaderamente amable conmigo, un tipo con el que no me tengo que poner en guardia y que tampoco lo hace él cuando me ve. Nos contamos de vez en cuando lo poco que hacemos o sabemos, y quedamos hasta el siguiente encuentro casual. Hace unas semanas, o unos meses quizás, me contó que andaba preparando un libro sobre Thoreau y los pájaros. Una historia muy bonita, me contó, que nació de la elogiosa reseña que un profesor de Ética en San Sebastián le había hecho de DIAS BAJO EL CIELO, su libro de paseos en Tudelilla comentado aquí en el spyp 259. Agradecido por ello, Poti se puso en contacto con Antonio Casado da Rocha, que así se llama el profesor; éste le propuso el proyecto de hacer un libro con una selección de párrafos de Thoreau sobre pájaros; Pepitas de Calabaza, o sea, Julián La Calle (héroe spyp como uds ya saben) apoyó el proyecto; y el sábado 20 de febrero del 2016 lo presentaron en el Café Bretón. Yo tenía anotada en mi agenda esa fecha desde hacía mucho tiempo, y esperaba con tanta ilusión ese día que creía que el Café Bretón iba a estar lleno a rebosar para recibir el libro de Poti. Pero si quitamos la gran mesa de familiares y otras cuatro o cinco de personajes que van a este tipo de cosas como por obligación cultural, bien se podría decir que el Poti y su amigo estuvieron más solos que Thoreau en su cabaña de Walden. Se ve que tengo un ojo de águila para las cosas estas del éxito. O que la gente de Logroño es así... Pero bueno, sigamos. La presentación fue muy hermosa. Poti empezó un poco envarado con el chiste de que estaba previsto que Thoreau asistiera a la presentación pero que no había podido llegar y que empezarían sin él. Ahora bien, pasado ese mal trago del arranque, todo fue sobre ruedas. Con el auxilio de una televisión en la que ponían las láminas de los pájaros de Thoreau (que no están en el libro), Poti y el profesor Casado se fueron pasando la palabra del uno al otro diciendo cosas muy bonitas y nada cursis, lo que cada vez es más difícil cuando de elegías y poesía se trata. Por ejemplo, Poti contó que la primera traductora de Thoreau al castellano fue nada menos que nuestra paisana María de la O Lejarraga, con lo que Thoreau parece que tiene alguna querencia con La Rioja; y Casado dijo que más que los pájaros, a él le interesaban las personas que se interesan por los pájaros. No sé por qué, en ese momento me dio por pensar que los pájaros son más fugaces aún que las flores, porque apenas se dejan ver, y cuando alguna vez te pones a escuchar su canto, levantan su vuelo y te dejan con las ganas. Cuando leí DIAS BAJO EL CIELO pensé que debería poner mayor atención en los pájaros, pero sigo sin cumplir el propósito. Abstraído en mis pensamientos, de repente me fijé en un pájaro que estaba apoyado en la mampara de cristal que divide las dos zonas de estar de la parte alta del café y le hice una foto.


Colo Cortés, el dueño del Café Bretón, lugar donde se hacen todas las presentaciones de libros de Julián y de otros certámenes literarios locales, es un tipo curioso al que llevo viendo durante toda mi vida en esta ciudad y con el que no creo haber cruzado una palabra. Escuchando los textos de Thoreau que Poti y Casado iban entresacando del libro a modo de ejemplos, me di cuenta de que estaba pasando un momento delicioso y pensé que en buena parte se lo debía a él. Cuando yo empecé a trabajar como profesor en la Escuela de Artes y Oficios, Colo era el conserje de la Industrial, o sea, del piso de abajo. Qué personaje tan interesante, pensé. Qué cambio dio a su vida. Y que orientación le dio a su negocio ¿no? Luego ha sido por siempre el dueño del café Bretón, con un cambio de local que a punto estuvo de quebrar su industria, y que dejé reflejado en una crónica del LHD (Cafe Bretón, viernes 6 de octubre del 2006).


De vuelta a casa toca ahora leer a Thoreau, un personaje que, a diferencia de Whitman, por poner un ejemplo cercano, nunca me había despertado especial simpatía. Fíjense que la primera vez que escuché la palabra Walden fue cuando llamaron así a esta masa de viviendas hecha en una vieja cementera cercana a  Barcelona con proyecto del arquitecto Ricardo Bofill.


Ahora, cuando veo la reproducción de la cabaña de Thoreau junto al lago de Walden lo primero que pienso es que las autoridades urbanísticas nunca te darían licencia para construirla. ¿Está usted loco?


Ya sabéis que lo de la cabaña es un tema que me fascina. No sé si recordáis que por un blog u otro he dejado varias de huellas de ello. Si clicláis en la etiqueta "cabaña" de este blog vais directos a mi comentario sobre TODAS LAS MAÑANAS DE MUNDO, y en edificios LHD he escrito sobre la cabaña de Julio Villar, la de Heidegger o en la que me gustaría pasar siempre las navidades. Pero también me fascinan los lagos aunque a ellos les he dedicado menos líneas:


Fue un tarde, hace muchos años, en Bañolas, cuando al acercarme al borde de su lago sentí en toda su profundidad la suerte de poder vivir junto a una lámina de agua tranquila. No hizo mala elección Thoreau para instalar su cabaña y poder bañarse en el lago Walden cada mañana.

Con todo eso de la vuelta a la naturaleza (?), la desobediencia civil y el movimiento de los indignados, dicen que Thoreau está muy de moda. Pero a mí, la prosa de Walden se me hace un poco indigesta y sus frases célebres me suenan con los ecos huecos de toda esa patulea mediática televisiva del podemismo asambleario y cultureta.

He leído unos cuantos de los párrafos seleccionados por Poti y Casado y suenan mejor que Walden. Me suenan a DIAS BAJO EL CIELO, o a la dicción tan amable del profesor de Etica de San Sebastián que tanto agradó a Rosalía (aunque..., bueno..., he curioseado en su blog y veo que tiene al podemita  Jorge Riechmann como santo de su devoción (!!!), y hasta me da que en muchos de sus posts busca en la poesía -ojalá me equivoque- más pose que Verdad). Esto último me desconcierta un poco, pero bueno, en cualquier caso iré leyendo los fragmentos de VOLAR bajo la influencia del buen rato de su presentación. Y a ver si con ello me fijo un poco más en los pájaros. Aunque sean de los sin plumas. O de los sin pluma.  

817 GEORG WILHELM FRIEDERICH HEGEL Y... EL TEMPLO MALDITO



"Por sorprendentes que sean las construcciones que acabamos de describir (¡y el capítulo anterior estaba dedicado a los templos egipcios!), la arquitectura subterránea, tan habitual en los pueblos de Oriente, hindúes y egipcios, todavía parece más extraordinaria y sorprendente. Todo lo construido sobre el suelo no puede compararse a las construcciones subterráneas que se hallan en la India, Salsette, frente a Bombay, en Ellora, en el Alto Egipto y en la Nubia. (...). Servían como lugares de reunión, catedrales subterráneas, tenían por objetivo provocar el nacimiento del fervor religioso, contribuir al recogimiento del espíritu, y eran ricas en alusiones simbólicas; estaban compuestas por columnatas, esfinges, memnones, elefantes, ídolos gigantescos que, tallados en la roca, formaban cuerpo con éstas, pues en tales excavaciones había que ahorrar espacio. Algunas de estas construcciones eran accesibles por la pared de roca delantera, ampliamente abierta; otras, totalmente oscuras, eran iluminadas por teas o por una abertura en lo alto".

Hegel. La arquitectura. ed Kairos, Barcelona 2001, pag 61 y 62




No he podido evitar la asociación de imágenes. Lo siento (ja ja ja...). Pero es que no tengo ni idea de las láminas o descripciones que pudo manejar Hegel a comienzos del siglo XIX para describir esas arquitecturas tan... sorprendentes. Y no tengo noticia de que viajara a la India o al alto Nilo. Yo sí estuve en Abu Simbel, pero no es momento ahora de rebuscar entre aquellas fotos tan conocidas por todos. Otra cosa son los templos rupestres hindúes.  Hegel hubiera dado un ojo por ver la peli de Indiana Jones y el Templo Maldito o por tener internet para dar con las fotografías que Agustín Gil y Eneko Pastor  han colgado en la página fotoAleph. El spyp os da el enlace y os desea un exitoso enaltecimiento de vuestro espíritu (las páginas 18 a 23 corresponden al Ellora que menciona Hegel/ y por si queréis viajar directamente a las Cuevas de Ellora os dejo también un enlace de ubicación al final del post y unas fotos de muestra de Panoramio). Otro día vamos a la isla Elephanta en el puerto de Bombay o a las cuevas de Salsette al norte de esa monstruosa ciudad: que Hegel podía no haber viajado pero no estaba para nada perdido.







816. COMPAÑERA RITA





 

Cada líder con su Rita
cosa tan bonita



Rita, sé fuerte
 ¡Resiste!
(Y si no, te aforamos...,
vamos)











815. LAS HORAS MARIANAS



A este alegre equipo de gobierno se le ocurrió un día que para sacar a España de la crisis lo mejor era tener a los funcionarios castigados en sus puestos de trabajo dos o tres horas más a la semana, horas que los funcionarios denominaron sarcásticamente "marianas", y que semana tras semana dedicaron a pensar en una sola cosa: Mariano, ya puedes hacer milagros que no te vamos a votar nunca más. Como es sabido, eso redujo en tres o cuatro millones los votos del PP en las elecciones de la navidad de 2015 sin que Mariano y sus pelendonas supieran nunca porqué. El spyp se lo explica de gratis: si queréis que algún día el PP vuelva por sus fueros, lo mejor que podéis hacer tú y tus dos marías es desaparecer de la escena política para siempre jamás. Y es que la memoria acumulada por varios millones de funcionarios durante dos horas y media a la semana durante tres años no se borra tan fácilmente como los discos duros de Bárcenas.


814. LOS MEMNONES



Aunque en el titular diga que esto es un blog de periodismo y política la mayoría de las entradas son un olvido de la política y el periodismo porque si no, menudo muermo. Hoy por ejemplo volvemos a cogernos de la mano de Hegel para revisitar los colosos de Memnon que vimos y fotografiamos en aquel agitado y ajetreado viaje por Egipto de la semana santa del 2005. Qué risas hicimos ante la catástrofe monumental y turística del patrimonio de la antigüedad. ¡Qué vuelva el imperialismo inglés! gritábamos entre risas. Bueno, pero escuchemos a Hegel, que esta vez no lleva en sus manos la guía de Herodoto sino la de Estrabón. Ahhh. Ahí nos ha pillado. ¿Quién era Estrabón? ¿Y qué contaba de los Memnones, Pues que una de ellas resonaba al salir el sol... !!!! y eso, al parecer, le tenía entusiasmado a Hegel.

La wikipedia da una interpretación más científica al fenómeno sonoro de uno de los Memnones, y por lo tanto, menos entusiasta que la de Hegel. Se ve que en tiempos de Estrabón (siglo I aC) un terremoto movió uno de los Memnones y cuando salía el sol y se calentaba la piedra, se evaporaba algo de agua subterránea provocando ese sonidillo que tanto animó a Hegel a decir de ellas que "la importancia e interés de esta estatua sonora no proviene solamente de su forma, sino también de su naturaleza viviente, significativa, reveladora, y empapada además, de simbolismo". (Qué cosas tiene nuestro guía ja ja ja). El emperador Septimio Severo restauró la estatua en el siglo III dC y se acabó la atracción sonora. De los dos Memnones, era el de la izquierda el que sonaba. A falta de ruidillos yo me acerqué para ver la figurita femenina que dobla la parte baja de la pierna del viejo Memnon sonoro. Cosa tan dulce.


Y también hice una foto de un bajorrelieve...:


porque al bajar del autobús pillé a un paisano en parecida postura:


Menudo museo de Papyros. Pena que no tuvimos tiempo de visitarlo... (jjjj). Como tampoco pudimos pasear por el pueblecito de al lado:


Estábamos como secuestrados por los autobuses y por nuestra civilizadora forma de viajar, esa de hacer solo fotos.

De ahí que vuelva ahora con Hegel y con Estrabón, porque lo que me pica la curiosidad es la procedencia de nuestro segundo guía, es decir, de Estrabón. ¿Sabéis de dónde era? De Amasya, toma ya.

Amasya está al Norte de Turquía encajonada junto al río Yesil a unos ochenta kilómetros en línea recta del Mar Negro.Tiene doscientas mil almas y se ve que poco antes de nacer Estrabón, los romanos habían llegado hasta allá (qué tíos), la habían hecho suya, y así pudo tener pasaporte Estrabón para que pudiera pasearse por todo el imperio sin pasar molestas y peligrosas fronteras. Os pongo un par de fotos de Amasya pero no me lío más en esta fría tarde de febrero, que con volver a los Memnones ya hemos tenido bastante.




(todas las fotos de arriba son mías pero las dos de Amasya no, así que las cambio para que no me pidan que las quite..., ji ji. Al fin y al cabo tampoco Hegel ni Estrabón me van a pedir derechos de autor ¿no?)

(Desde hace unos días no funciona en mis blogs la vista satélite del localizador de Ubicación y tengo que usar los mapas que tienen muy pocos datos y son bastante más imprecisos. Pido disculpas si el ubicador no es muy exacto, pero si lo usáis para ir a los Mmnones, no os preocupéis que andarán muy cerca de donde he puesto la chincheta roja). 

813. CHARLES LE BRUN



Pasando un verano en Bois d'Arcy, cerca de Versalles, turisteamos un buen día a Vaux le Vicomte y supimos de las glorias y desventuras de Nicolas Fouquet (el Bárcenas de Luis XIV) y de la usurpación que le hizo el rey de dos de los creadores que habían contribuido a la decoración de esa joyita: en los jardines, Le Notre, en la pintura decorativa, Charles Le Brun.


Ni que decir tiene que estando al lado de Versalles, pasamos también muchos días allí. Lo teníamos tan cerca que íbamos en bicicleta a hacer picnic justo al fondo del gran estanque.


Y aunque visitamos varias veces el palacio, es todo en él tan abigarrado y tiene un ambiente tan turístico y mareante que te hace perder la perspectiva de los hombres y las cosas concretas.


Por eso ha sido una gran suerte descubrir de nuevo y por casualidad a Charles Le Brun, gracias a la visita de una exposición en Caixa Forum de Barcelona (5 de febrero del 2016). En ella se mostraban los cartones preparatorios de las pinturas de la Sala de los Espejos y de la desaparecida Escalera de los Embajadores, es decir, las plantillas del proceso de trabajo, y como se podían ver de tú a tú y no mirando hacia los altos techos, no salías de asombro sobre el tamaño de los dibujos y de la soltura del trazo.


La exposición estaba muy bien organizada con las explicaciones de los paramentos donde están las pinturas para las que se hicieron los cartones, pero entrar en ese tipo de detalles en el curso de una visita es una tarea tan fatigosa, que mucho mejor verlo en el excelente catálogo que editaron para la ocasión y que yo compré para la Biblioteca de mi Escuela.


Siempre he sido un defensor de la pintura subsidiaria de la arquitectura, es decir, de la pintura decorativa. Pero como nos educaron justo al revés, es decir, privilegiando a los artistas que empezaron a pintar para los museos, el gran Charles le Brun ha sido un desconocido.


De una exposición no puedes hacer un trabajo sino quedarte con algún tipo de anécdota, como por ejemplo la de un dibujo del Rey Desnudo, toda una alegoría tratándose del rey más ególatra que ha existido.


 No sabía que Charles le Brun había sido uno de los pintores y estudiosos más interesados en la fisiognómica, así que para mi biblioteca me traje el pequeño librito con los apuntes de las conferencias que dio en la Academia sobre la materia.


Y como una cosa lleva a la otra, descubrí así a su antecesor en la materia, el italiano Giacomo della Porta, el arquitecto de la iglesia de Il Jesu en Roma y autor de esta comparativa:

Los textos de las conferencias de Le Brun son curiosos pero las pequeñas láminas son más impresionantes:



No hice fotos, así que todo el material que me ha servido para contar esta visita y dar lugar a Le Brun en mi blog está cogido directamente de imágenes google. Espero que nadie se moleste y que quienes cuelgan imágenes en internet se sientan pagados con este tipo de comentarios.

812. MARC CHAGALL



Madrid, 7 de febrero del 2016. Exposición de dibujos y grabados de Marc Chagall en la sala de la Plaza Castilla.

No sé si será por la invasión de los móviles, pero las instituciones ya han aceptado (al fin) que hagamos fotos de los cuadros con la única limitación de no usar el flash. No es mayor problema. No es la perfección en la reproducción lo que buscamos algunos visitantes de museos y exposiciones; lo único que queremos es llevarnos un buen recuerdo. O hacer con los clicks una selección de los dibujos y pinturas que más nos han llamado la atención en una visita concreta. El primer cuadrito que me hizo sacar el móvil al visitar la exposición de dibujos de Marc Chagall es el dedicado a imaginar la escena del HIJO PRÓDIGO, asunto al que ya dediqué el spyp 582.  Chagall era judío y bielorruso. No hizo ascos al comunismo revolucionario y subsiguiente ateísmo, pero no olvidó las historias universales de la Biblia. De ahí que lo sienta como alguien muy cercano.


Notre Dame. Una Iglesia. Y también una mujer desnuda con su dios en brazos. Abajo, la cabeza de un animal. El mismo animal y en la misma posición que en el dibujo anterior. Quizás sea un autorretrato del propio Chagall.


Esta es la foto que trae de él la wiki. También me entero por la enciclopedia universal de la ciudad en que nació, Vitebsk, y echo un vistazo con google earth. Pero ya haré una visita más detallada en otra ocasión. Grandes avenidas... Mucha arquitectura comunista.


De este grabado que se mostraba en versión blanco y negro y coloreado, me fijo en la fecha: 1968, el año de las manifestaciones de París. Chagall tenía 81 años. Ponía en la etiqueta explicativa que lo pintó en Ginebra. Parece que mezcla sus recuerdos de los años de la revolución rusa con las noticias de los periódicos, y que  contempla la algarabía tumbado, rostro risueño pero... sin soltar la paleta de pintor en su mano derecha.


Una paleta que en el siguiente dibujo parece que fuera su propia polla eyaculando. Cuando vimos de lejos el siguiente grabado no podíamos creer lo que veíamos. Bueno, no es su polla eyaculando, es su paleta. Pero para el caso...


Después de la revolución Chagall y Malevich se hicieron cargo de la Escuela de Artes de Vitebsk pero se ve que sus criterios chocaron frontalmente.


Chagall dejó Rusia y se vino a París. No parece que le interesara la abstracción. Había descubierto algo mucho mejor: que se puede seguir pintando toda la vida igual que cuando éramos niños.


Porque aunque los niños no sepan reproducir tal cual la realidad mediante un depurado dibujo fotográfico, nadie duda de que éste es un autorretrato del propio Chagall con el mismo animal en brazos (¿un cordero místico?) que veíamos en los dos primeros dibujos.

Y aquí está otra vez, en manos de Noé, recibiendo por la ventana del Arca a la paloma que les anuncia que el diluvio (¿las manifestaciones comunistas?¿las de mayo del 68?)) ya han acabado:


Las historias bíblicas fueron nuestra común formación religiosa. Una formación en el recuerdo que se eclipsa ante ese otro descubrimiento de la verdadera y única religión: la del sexo y el amor rodeados de frondosa naturaleza:


O aislados en un rincón de la convulsa ciudad... junto a un pez, ese animal tan simpático que todos los niños dibujamos sin miedo. Ese alimento tan místico como el cordero. 


Y hablando de misticismo, mis dos últimos recuerdos de la exposición de Plaza Castilla van de ángeles. El que para el cuchillo de Abraham:


Y esta cuadrilla de tres, que escuchan a un profeta sentados tan ricamente a una mesa en torno a una botella de vino.


Rescato de los datos que entreveo en internet que en la última etapa de su vida, Chagall convirtió su pintura en decoración. Lo mismo fue llamado para pintar el techo de la Opera de París:


...que para pintar los vitrales de Reims:


Pintar como un niño y devolver la pintura a su papel decorativo. Me quedo con este Chagall con un cocodrilo en la camisa.


No quisiera acabar este pequeño recuerdo sin decir que Rosalía y yo nos quedamos impresionados de la cantidad de gente que había a las once y cuarto de la mañana en la semioscura sala de exposiciones de la Plaza de Castilla y del silencio respetuoso con que veían los cuadros. ¿Hay otra España? ¿Era la iinfluencia de Chagall?