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viernes, 5 de octubre de 2012

452. YPRES, BELGICA. LONJA DE LOS PAÑOS



Antes de coger el avión para Ginebra y tener que sufrir las incomodidades de los aeropuertos y vuelos convencionales, bajo al garaje a arrancar el sPyPnic para ver qué tal y está  y como lo veo a punto, lo saco un ratito para irnos a ver un edificio que me había picado la curiosidad: la Lonja de Paños de Yprés, en Bélgica.

Y es que, cuando Mumford quiso poner un ejemplo del potencial que habían adquirido los gremios en la Edad Media, se le fue la memoria hacia un único edifiio. Este.

Y la verdad es que es impresionante. Mirad si no la extensión que ocupa en el centro de esa pequeña ciudad flamenca que no llega a 40.000 almas:


Aquí la ciudad:


Y aquí el mapa de Europa, porque el sPyPnic es tan veloz que luego decimos que hemos estado en Ypres sin saber donde está:


No me he detenido mucho en investigar la fecha de construcción de semejante Guggenheim-que-puso-a-Yprés-en-el-mapa, pero tampoco importa mucho porque he encontrado este lámina que muestra cómo quedó tras las terribles batallas a cañonazos de la Primera Guerra Mundial.


Lo que deja bien claro que La Lonja de los Paños de Yprés es un edificio del siglo XX:


O sea, un edificio de la memoria. O del museo de las ciudades. O de la historia. Es decir, un edificio sPyPnic Porque no lo veo ni en Cascotes ni en edificiosLHD. Quédese pues aquí. O allí. Que está muy bien.

Y el sPyPnic, también muy bien.

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En el verano del 2015 visité al fin Ypres e hice muchas fotos pero... ahora no tengo tiempo para ponerlas o contarles mis impresiones. Otro día.




viernes, 30 de diciembre de 2011

287. ENTRE MESEN Y NIEUWKAPELLE



No sé si vamos a caber todos hoy en el sPyPnic. Ayer vinisteis más de ochenta. Voy a tener que poner más asientos, caramba. Sobre todo, porque el viaje de hoy es tan, tan hermoso, que no me importa que traigáis amigos, parientes e invitados. Nos vamos a un lugar sagrado. A uno de esos sitios donde se debe ir en navidades, a uno de esos pesebres donde ha nacido Dios. Seguramente tendréis el ordenador lleno de esa basurilla de felicitaciones navideñas que la gente se afana en hacer y mandar en este tiempo. Dejadla fuera del sPyPnic, por favor, nada de equipaje que bastantes estamos, y leed tan solo este cuento, esta felicitación navideña que os mando, esta historia que, como no podía ser de otro modo, me ha llegado de CASA EDUARDO: click aquí. (Lo he copiado y pegado al final de este post que nunca se sabe lo que pasa con los blogs de marcas importantes).

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Cuando organizaba yo viajes para los desagradecidos arquitectos (¿o desgraciados?), Isabel Tobalina, mi agente de viajes Ecuador, me decía que ya podía yo dejar mi trabajo y dedicarme a esto. Pero mi secreto es muy sencillo: no hay más que hacerse con buenas guías de viaje. ¿A que después de haber leído esta historia tenéis las mismas ganas que los Apóstoles de dejarlo todo y seguirme? Pues vamos para allá.  Vámonos a celebrar esta navidad allí, a ese campo entre Mesen y Nieuwkapelle que he puesto ahí arriba.

Para los viajeros que quieren un poco más de orientación os paso este otro mapa para que sepáis que vamos al sur de Bélgica, entre el mar y la frontera con Francia. Aquí os pongo la misma foto aérea de antes pero con las ciudades cercanas. Me gusta que la gente que viaja conmigo se oriente.


Según bajamos nos damos cuenta que Mesen y Nieuwkapelle son dos pueblecitos minúsculos y que más o menos a mitad de camino entre uno y otro hay un núcleo urbano bastante mayor llamado Ypres que no aparece citado en la historia. Se ve que a Dios no le gustan los sitios donde se acumula mucha gente... (...y miro de reojo a lo numeroso del pasaje hoy, ay ay).


Vamos a hacer una pasada a ras de suelo con el sPypnic de norte a sur, desde Mesen hasta Nieuwkapelle para ver donde puede estar nuestro portal de belén de este año (como hay que clickarlas para verlas en grande os las pongo al revés de como sería lógico de ver en una imagen fija, es decir, primero Mesen abajo e Ypres encima, y luego, Ypres debajo y Nieuwkapelle encima con el mar al fondo):




Vaya campo más anodino, y parcelario más atomizado y laberíntico. Más plano que la palma de la mano (que nunca ha sido plana). No veo rastro de trincheras ni parece que haya memorial alguno, ni filas de peregrinos por ninguna parte. 

Pero en la nave del sPyPnic, donde todos han leído la historia contada por Eduardo, hay un silencio que corta el aire, una emoción que sobrecoge. Volamos territorio sacro.

Mejor no aterrizamos. Voy a dar dos pasadas más y nos volvemos a casa. Sobrecogidos. Y en silencio. Otro año que ha nacido Dios en la Tierra. 

(¡y otro año que el sPyPnic va allí!)

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Trincheras en Navidad

La crónica apareció en el británico North Mail el 9 de enero de 1915. La firmaba el cabo Heath, de quien nunca más se supo. Es una de la muchas descripciones del acontecimiento que pasó a la historia como “Paz de Navidad”, cuando en un tramo de casi treinta kilómetros de trincheras en el frente occidental, entre las localidades belgas de Mesen y Nieuwkapelle, los soldados dejaron espontáneamente las armas y celebraron juntos la Navidad, en medio de la guerra.
Al anochecer del día 24 de diciembre de 1914, el cabo Heath hubiera querido, como todos, estar lejos de las trincheras, en casa, donde ahora encenderían las luces en las habitaciones bien caldeadas, mientras reflexionaba con tristeza que precisamente estaba en las trincheras a oscuras, por defender aquellos lejanos hogares iluminados y calientes.
Las trincheras estaban tendidas en algunos puntos a escasos veinte metros del enemigo y se podía oir el chapoteo de sus botas. Entonces se encendió una luz en la trinchera alemana, luego otra y otra. Y se oyó una voz alemana, sonaba tan cerca que el cabo Heath se dispuso a disparar. “English soldier”, decía, “English soldier, a merry Christmas, a merry Christmas”. Los ingleses callaban. Y algo pasó que desbordó al miedo y la desconfianza. Se empezaron a oír respuestas inglesas a las felicitaciones alemanas. Heath vio con asombro a los alemanes fuera de su trinchera y caminando hacia ellos, hasta pararse en tierra de nadie. Los británicos dudaban. Los alemanes, no. Hasta que, como escribe Heath, no quisieron quedar como cobardes, salieron a su encuentro, y les estrecharon las manos. Comenzaron a hablar y la desconfianza seguía entre ellos, unos y otros vigilaban para que nadie asomara a la trinchera contraria. Con todo, intercambiaron cigarrillos y direcciones. Los británicos invitaron a Christmas Pudding, y dice Heath que “tras el primer bocado, nos hicimos amigos para siempre”.
El ambiente llegó a tal punto de distensión que, en las afueras de Fromelles, se celebró una función religiosa donde la muchachada entonó el Salmo 23 “El Señor es mi pastor” en inglés y alemán. Aparecieron viejos conocidos, un alemán se encontró con su patrono inglés para el que trabajó como cocinero antes de la guerra. Hasta se organizó un partido de fútbol entre sajones y escoceses en un tramo donde la separación entre trincheras lo permitía.
¿Dónde habría parado todo aquello, si a los soldados les hubiera dado por seguir dándole al pudín, a los cigarrilos y al fútbol en vez de matarse? Entre los oficiales cundió la preocupación. Hubo tramos donde la paz empezó a durar demasiado, incluso llegó a enero. Y se tomaron medidas disciplinarias. Había que seguir la guerra. Cierto que, al principio, hubo soldados que no reaccionaban a las órdenes de abrir fuego, pero fue una resistencia efímera. Dice Heath, en la última noticia que tenemos de él, que aún sonaban cánticos navideños en las trincheras alemanas cuando, de repente, sonaron de nuevo los disparos y se pasó a la normalidad, donde solo se oían los gritos de los heridos. Había mucha tarea pendiente, aún les faltaban casi cuatro años para alcanzar los diez millones de muertos. En aquella Navidad de 1914, aún no llegaban al medio millón.



domingo, 3 de octubre de 2010

169. EL LARGO FINAL DE LA PGM

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Una sorprendente noticia encontrada en el interior del ABC de hoy, 3 de octubre del 2010, vuelve a activar mis mecanismos de TIRAR DEL HILO, ATAR CABOS o IR AL BAUL DE LOS RECUERDOS para hacer otro sPyP. Desde Berlín informa un periodista que hoy mismo ha finalizado al fin (y valga la redundancia)la Primera Guerra Mundial, es decir, que hoy Alemania paga a Francia y Bélgica (o debería pagar, porque siendo domingo no creo que los bancos centrales hagan transferencias) el último plazo de los costes que el Tratado de Versalles impuso a los perdedores. La noticia me transporta directamente al martes 31 de julio del 2001, en que visité (en la mejor de las compañías, como casi siempre) el famoso "Claro del Armisticio" de Compiègne. Foto de arriba.

Como es sabido (y por eso lo visitamos con emoción) allí se firmó el 11 de noviembre de 1918 el armisticio que ponía fin a la terrible carnicería de la Primera Guerra Mundial, o con titular de Jünger, a aquella Tempestad de Acero que cambió la percepción del mundo. Esta es la famosa foto de la delegación francesa, con el Mariscal Foch (segundo por la derecha) como principal protagonista.



Yo siempre había recordado este momento histórico por un imaginario cuadro del interior en el que me había llamado la atención la presencia de las sillas Thonet. (y en el que ahora me llama la atención que el pintor adelgazase tanto a Foch, situado, igualmente, el segundo por la derecha)



También he encontrado una magnífica foto de los dos trenes, el alemán y el francés hecha aquel 11 de noviembre de 1918 desde el exterior del claro:



Pero como también es sabido, en ese feliz día se abrió otra larga historia no menos aciaga, cruenta y tempestuosa que, y eso no lo sabía, acaba hoy. Tras el Armisticio vino el Tratado de Versalles de 1919 y el sucesivo Tratado del Bosque de Bolonia en los que se obligaba a pagar a Alemania tales cantidades de dinero en concepto de reparación de daños ocasionados por la guerra, que la consiguiente ruina alemana se saldó con el ascenso al poder de los nazis, la negación a pagar la deuda por parte de estos y la Segunda Guerra Mundial.

El fulgurante comienzo de ésta con el paseo militar hasta París llevó a Hitler de nuevo al claro del armisticio para devolver la humillación a los franceses. Y allí se encontró con una hermosa explanada conmemorativa y bien pavimentada, el vagón del armisticio (restaurado por un filántropo americano) y una estatua conmemorativa del Mariscal Foch. La secuencia de imágenes que he podido encontrar por la red de aquella visita, nos permite asistir a aquellos días junio de 1940 de un modo privilegiado:








Y por lo que vemos, esta vez sí que tenemos foto del interior del vagón.

Acabada la visita, el Führer hizo arrasar todo el lugar respetando únicamente la estatua del Mariscal,




y se llevó el vagón a Berlín, colocándolo en la puerta de Brandeburgo como trofeo de guerra y curiosidad histórica:



Poco antes de que las tropas aliadas entraran en Berlín, las SS se encargaron de volar el famoso vagón, por lo que... lo que mal-se-ve actualmente oculto en un feo pabellón del claro del Armisticio reconstruido, no es el vagón original, como nosotros creíamos, sino una réplica.




Me alegra saberlo porque el día en que visitamos tan señalado lugar, el pabellón estaba cerrado y sólo pudimos mal ver el dichoso vagón a través de las ventanas.

El punto clave de la visita fue la vía (también falsa, claro está) y el lugar donde estuvieron los vagones. Entre la posición de uno y otro me desagradó leer una gran placa que según mis anotaciones de ese día decía: "AQUI SE ACABO LA CRIMINAL ORGIA DEL IMPERIO ALEMAN VENCIDOS POR LA LUCHA DE LOS PUEBLOS LIBRES". Si eso lo escribieron en la segunda construcción del lugar, es decir, después de la Segunda Guerra Mundial, me sonaba a poco juicioso. Pero no. Según he podido saber esa placa reproduce la que se puso para conmemorar el final de la Primera, y de la que, por supuesto, Hitler no dejó ni rastro. De todos modos, según una web consultada, la inscripción original decía otra cosa: “Aquí, el 11 de noviembre de 1918, el orgullo criminal del Imperio Alemán fue derrotado, extinguido por los pueblos libres que pretendía esclavizar" (texto que encajaría más con el final de la SGM que con la Primera).



Sea como fuere, el caso es que en 1953 (y vuelvo a la noticia del ABC que me ha dado pie a tanto tirar del hilo), cuando la reconstrucción de la Alemania Occidental con el Plan Marshall ya estaba en marcha, se firmó en Londres un acuerdo para que Alemania volviera a pagar (bastante reducida) la famosa deuda que llevó a Hitler al poder y al mundo al borde de la hecatombe. A la potente Alemania de la postguerra y a la finalmente unificada hace justamente 20 años, esa deuda parece no haberle importado mucho (yo no había oído nunca hablar de ella) y el último vencimiento de gastos de reparaciones e intereses era el de hoy, y ha ascendido a la cantidad de 69,9 millones de euros. Una minucia, supongo.

Mientras tanto, el mariscal Foch, sigue impertérrito en su claro de Compiègne y yo doy por finalizada nuestra visita.